A la mañana siguiente, el ambiente en el hospital era diferente.
Los médicos se mostraban optimistas después de las últimas reacciones que había presentado Isabella. Aunque todavía permanecía inconsciente, los nuevos estudios indicaban que su actividad cerebral estaba mejorando poco a poco.
Su madre permanecía a su lado, sosteniendo su mano y hablándole con cariño.
—Vamos, hija.
Sé que puedes escucharme.
Todos te estamos esperando.
De repente, los dedos de Isabella se movieron ligeramente.
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