Los ejércitos llegaron hasta el reino de Beca y lo rodearon completamente. No había forma de que Emérico o su hijo pudieran escapar, pero, misteriosamente, nadie salió a enfrentarlos.
—Es extraño. ¿Atacamos, señor? —preguntó uno de los guardias reales al rey Salomón.
—Sí —respondió el hombre, seguro, pero Luna intervino:
—No, espere a que salga la luna llena. Ahora, que todos descansen y permanezcan alerta.En los ojos del rey Salomón se pudo ver la molestia, pero le hizo señas a su hombre para