Oh, Dios mío, su esposa abortó a su propio hijo. ¿Qué persona está tan mal como para hacer eso? Una lágrima cae del rostro de James, y al verlo tan vulnerable, corro y lo abrazo con fuerza, como si quisiera que supiera que estoy ahí para él. James corresponde a mi abrazo, rodeando mi cintura con sus brazos.
—Lo siento tanto, James —digo en su oído, mientras acaricio suavemente su espalda.
—Más lo siento yo... No pude proteger a mi propio hijo.
—¿Y qué pasó cuando eso ocurrió?
—Me fui. No soporta