Esto tiene que ser una m*****a broma. ¿Yo, casarme con ese hombre que ni siquiera conozco?
—Papá, esto tiene que ser una broma, ¿verdad? —Lo miro incrédula, y mi madre lo mira horrorizada.
—Hija, no es una broma —niego con la cabeza repetidas veces.
—¡No, ni loca! —Mi padre me fulmina con la mirada.
—Hija, lo hago por tu bien.
—¿Por mi bien? Lo haces solo para tus malditos negocios. —Este toma mi brazo con fuerza.
—Cuida tus palabras, Rose —aprieta fuerte, y yo suelto un quejido.
—¡Robert, la la