Las miradas se clavaban en ella como agujas mientras caminaba por el pasillo. Valeria intentaba mantener la cabeza erguida, pero sus ojos enrojecidos la delataban.
La secretaria principal, una mujer que siempre había presumido de su cercanía con Alexander, la detuvo con curiosidad venenosa.
—¿Qué te pasa, Valeria? ¿Por qué sales así?
Valeria apretó los labios, tragando el nudo que le quemaba la garganta.
—Los informes quedaron mal… —dijo con voz rota—. Me van a descontar el día… y me enviaron a