Se acercó a Valeria con pasos lentos pero firmes, su mirada fija en ella, desbordando desprecio.
—Si no fuera porque tienes mi hijo, crees que te buscaría? —su voz estaba cargada de veneno, y cada palabra era como un golpe. Se detuvo frente a ella, demasiado cerca, pero Valeria no retrocedió. No iba a dejarse intimidar. Su cuerpo se tensó, su respiración se mantuvo firme.
Gabriel, desde la puerta, apretó los puños con fuerza, sintiendo la rabia acumulada, la impotencia de ver a Alexandre tan ce