capitulo 49

La mansión estaba llena de ecos, pero nada era tan fuerte como el retumbar del silencio que los tres compartían en ese instante. Alexandre, con su expresión de ira contenida, miraba a Gabriel como si estuviera dispuesto a arrastrarlo al infierno, y Valeria estaba atrapada entre los dos, observando cada gesto, cada respiración, cada palabra. El aire era pesado, como si algo estuviera a punto de quebrarse.

—¿Sabes qué? —dijo Alexandre con voz tensa, pero controlada, acercándose un paso más hacia
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