El caos llenaba la habitación. El vecino maldecía en el suelo, Gabriel intentaba alcanzarla, pero Alexandre fue más rápido. Con una fuerza brutal, la tomó de la cintura y la levantó como si fuera una muñeca de trapo.
—¡No! —gritó Valeria, agitando las piernas, intentando soltarse—. ¡Déjame!
Gabriel corrió hacia ellos, pero Alexandre lo detuvo con una patada que lo derribó contra la mesa. El sonido de la madera crujiendo se mezcló con el jadeo de Valeria.
—¡Maldito! —bramó Gabriel, tratando de l