Valeria pasó la noche sin poder dormir, dando vueltas en la cama, escuchando el eco de su propia respiración en medio del silencio del apartamento. Cada vez que cerraba los ojos, aparecían los rostros de Alexander y Gabriel, reclamando un lugar en su corazón.
Al amanecer, con el rostro hinchado por el llanto, tomó una decisión.
No podía seguir esperando a que el destino eligiera por ella. Tenía que tomar las riendas de su vida.
Guardó su pasaporte, algo de ropa, documentos importantes y la cart