Alexandre observaba el amanecer desde la ventana de su oficina. El vidrio reflejaba la luz pálida del sol, pero sus pensamientos eran más oscuros que nunca. En la mesa, un dossier perfectamente ordenado contenía fotografías recientes de Valeria y Gabriel: en el mercado, caminando, riendo. Esa última imagen lo irritó más que todas las anteriores.
Tomó una copa de vino, aunque aún era temprano, y la sostuvo entre los dedos sin probarla.
—¿Así que crees que puedes escapar, Valeria? —murmuró, con u