Despierto en una superficie blanda y bastante acogedora. Mis fosas nasales se impregnan de un rico olor que solo tiene una persona: mi sexy profesor... Espera, ¿qué? Abro los ojos de golpe y, al observar bien la habitación, me doy cuenta de que estoy en su cuarto. ¿Pero cómo llegué aquí? ¡Joder, me quedé dormida! Salgo de la cama y me dirijo a la sala para buscar a Santiago, pero no lo encuentro. Escucho un ruido en la cocina, así que camino hacia ella y me sorprende verlo cocinando.
—Hola —se v