Alejandro la miró fijamente, sus ojos oscuros reflejaban deseo y algo más que Camila no lograba descifrar. Sin decir una palabra, la tomó por la cintura y la levantó en brazos, dirigiéndose con paso firme hacia la cama.
Camila sintió su corazón latir desbocado cuando la depositó suavemente sobre el colchón. Él se inclinó sobre ella, sus dedos deslizándose con paciencia por los bordes de su ropa, despojándola lentamente de cada prenda, como si quisiera memorizar cada centímetro de su piel.
Ella