Una mesa llena de verdades y encuentros.
La calidez de la cocina impregnaba la casa. El aroma de los condimentos y el pan recién horneado flotaba en el aire, envolviendo cada rincón con una familiaridad reconfortante. Isabella, con el delantal todavía puesto, salió de la cocina secándose las manos en una toalla blanca de algodón. Sus ojos brillaron al ver a su hijo y al recién nacido en brazos de Irma.
—¡Hijo, llegaste! —exclamó con una sonrisa maternal y abierta—. Y mira quién está aquí… mi p