La noche avanzaba silenciosa, dejando en el aire ese frío característico que precede al amanecer. Un par de farolas alumbraban débilmente el frente de la casa de Camila, ahora rodeado de arreglos florales, coronas y sillas desordenadas que los vecinos habían prestado para velar a la joven. La calle permanecía en calma, apenas rota por el murmullo de algunas personas que aún se resistían a retirarse.
Dentro de la casa, Alejandro y Andrés conversaban en voz baja, sentados cerca de una de las vent