Los meses siguieron transcurriendo y, poco a poco, la vida volvió a regalarles aquello que durante tanto tiempo habían anhelado: tranquilidad.
La pequeña Gala crecía rodeada del amor de toda la familia.
Su sonrisa iluminaba cada rincón de la mansión Villarreal, mientras Thiago se convertía en el hermano mayor más cariñoso y protector.
Cada mañana corría hasta la habitación de la bebé para darle los buenos días.
—Despierta, hermanita.
Hoy voy a enseñarte muchas cosas cuando seas grande.