En la estación de policía, el ambiente era cada vez más angustiante.
Candy, con las manos temblorosas, marcó una vez más el número de Alejandro.
El teléfono sonó una y otra vez.
Pero nadie respondió.
—No contesta... —susurró con la voz quebrada.
Luisa tomó el celular.
—Déjame intentar con Miranda.
Marcó el número de la recién casada.
La llamada entró de inmediato.
Sonó durante varios segundos, pero tampoco obtuvo respuesta.
Las dos mujeres intercambiaron una mirada de preocupación.
—Seguramente