La noticia dejó a todos paralizados.
Miranda apenas podía mantenerse en pie.
Su llanto llenaba la sala mientras Alejandro la abrazaba con fuerza, intentando darle un poco de tranquilidad, aunque por dentro él también estaba completamente destrozado.
—Lo vamos a encontrar —le repetía una y otra vez, acariciando su cabello—.
Te lo prometo, Miranda.
No descansaré hasta traer a nuestro hijo de regreso.
Ella levantó la mirada, con los ojos hinchados por las lágrimas.
—Tengo miedo, Alejandro... Rod