Alejandro no estaba dispuesto a dejar que Rodrigo y Emma desaparecieran sin pagar por todo lo que habían hecho.
Después de la fuga, reunió inmediatamente a sus abogados, investigadores y altos mandos de la policía en una sala privada de la mansión Villarreal.
Sobre la mesa estaban las fotografías de Rodrigo Montenegro y Emma, junto con todos los reportes del caso.
El ambiente era completamente serio.
Alejandro habló con firmeza.
—Quiero que esto deje de ser solo una búsqueda nacional. Necesito