32.
| Alexander |
— Deja tus jueguitos, no puedo creer lo que hiciste — se acerca a mí y yo sonrío.
— ¿En serio no puedes creerlo? — me burlo — Te está empezando a fallar el cerebro si piensas que también les voy a regalar a mi mate, fue suficiente con dejarles el gran territorio que tienen y el puesto que por derecho me pertenece, deberías estar feliz porque no empecé una guerra que estoy seguro ganaría — ella se tensa y mis sospechas se confirman.
— No creas que me quedaré con los brazos cruzados