Meison.
Arrojo las cartas al centro de la mesa y los hombres alrededor sueltan quejidos y suspiros de derrota, sonrío en lo que tomo las fichas, llevo buena racha esta noche, mis compañeros se preparan para la siguiente partida, cada quién acerca sus apuestas al centro, al estirar la mano noto como la mirada del hombre frente a mí se queda fija en mi anillo de compromiso, parece no poder aguantarse el veneno que lo asfixia y escupe.
—¿Por qué no apuestas ese anillo? Total no significa nada c