Marcello
Aquella caótica noche no pude dormir. No me arrepentía de haber roto las reglas, ni de haber escondido los cuerpos de esos muchachos y chantajeado a la dueña del bar para comprar su silencio. Lo que sí me pesaba era haberme marchado sin preguntarle la dirección de Sapphire. Estaba tan alterado que solo podía pensar en buscarla a pie por todo el puerto. Consideré tocar casa por casa hasta dar con ella, pero luego recordé a mi hijo y volví al hotel, pensando que él sabría dónde podría en