Sapphire
Lo único que me impedía mostrar mi disgusto por esta situación era la felicidad que brillaba en los ojos de Alain mientras doblaba su ropa con mucho esmero.
—¿Cómo es que va a lograr sacarme de aquí? —le pregunté a Marcello en voz baja—. Hay casillas de vigilancia en las salidas del puerto. ¿Me llevará en el maletero del auto?
La risa corta y grave de Marcelo me dejó hipnotizada contra mi voluntad, vibrando en mi pecho.
—Por supuesto que no, sería poco cortés de mi parte. Además, no ha