La rabia me invadió por completo, sintiendo cómo algo se rompía en mi pecho, liberando una energía destructiva que amenazaba con consumirme.
—No… no es así —murmuró, desesperado, intentando convencerme de su inocencia—. Ellos nacieron enfermos, Melanie… Nacieron así… Necesitaban ayuda… Yo… yo no sabía que iban a morir…
Mentira. Una mentira más en su interminable cadena de engaños.
—¡Mentira! —grité, con toda la fuerza de mis pulmones—. ¡Mentira!
Él se encogió un poco, como si esperara un golpe