Melanie se quedó quieta unos segundos, con las manos aún acomodando el plato en la mesa, la voz le salió bajita, temblorosa…
—Pero, cariño… es tu plato favorito…, además me costó encontrar la carne…, tuve que ir hasta el otro supermercado
—Me da igual dónde hayas ido… —la cortó Martín, haciendo un gesto con la mano, como espantando una mosca— estoy harto de la milanesa… siempre lo mismo ¿no sabes hacer otra cosa?!!
Ella bajó la mirada al plato, sintiendo cómo se le encogía el pecho, las mejilla