Preocupación.
El día pasó y ambos continuaron encerrados en la habitación, los guardias se mantenían alejados de esta sabiendo que no podían perturbarlos.
Ni siquiera un baño con agua fría fue capaz de calmarlos, Elizabeth ya podía sentir los estragos ocasionados en ella a medida que el término del celo llegaba. Había aguantado cada sesión de placer dada por su esposo como si su cuerpo estuviera diseñado para eso.
Podia sentir al tocar el cuerpo de Estefan como la temperatura iba bajando y sus ojos negros os