De alguna manera, eso es atractivo.
“Adriana. Qué nombre tan hermoso. Atticus y Adriana. Benditas sean sus almas”, susurra mamá, sonriendo suavemente, lágrimas silenciosas corriendo por sus mejillas. Su voz me saca de mi trance.
“Señora…”.
“Mamá, por favor, llámame mamá, querida. No aceptaré esta formalidad”.
“M-mamá…”.
“Atticus, abre ese cajón de arriba, hay una caja cerrada y la llave está al lado. Tráeme las dos”, me ordena mamá.
Miro nuestras manos unidas, reacia a apartarlas, pero Adr