Al volver al salón, me siento en el sofá frente a las puertas de vidrio que dan al patio trasero de la casa de la manada y coloco mis pies sobre la mesa, cruzándolos a la altura de los tobillos antes de tomar mi computadora portátil y volver al trabajo.
Frunciendo el ceño, veo que mi fondo de pantalla habitual ha desaparecido. En su lugar, hay una ventana negra, con las palabras ‘NUNCA DEJES TU COMPUTADORA PORTÁTIL ENCENDIDA PARA QUE CUALQUIERA PUEDA TENER ACCESO A TI, IDIOTA’ en una gran fuent