ADRIANA
Mis ojos se abren involuntariamente ante su absoluta audacia. No pensé que la tuviera, pero claramente él también puede ser un verdadero idiota.
“Disculpa, ¿qué?”, pregunto, tratando de permanecer indiferente. Aunque me siento extremadamente cohibida desde el momento en que lo vi mirando mis quemaduras, y la forma en que se veía enojado o disgustado o lo que sea que fuera me hizo sentir peor.
“No. ¿Por qué debería rechazarte?”.
“Tal vez porque no encajo en tu linda cajita de idealism