“¿Quieres fumar?”, pregunto, ofreciéndole uno. Él levanta la mirada sobresaltado, claramente sin haberme oído acercarme. Mira el paquete de cigarrillos que abrí. Lo mira como si se tomara un segundo para entender lo que dije antes de darme una sonrisa grave.
“Gracias… hijo”. Toma uno y yo saco mi encendedor, lo abro y enciendo el cigarrillo para él.
Dando un paso atrás, me apoyo contra la columna, con un pie apoyado en ella, fumando mi propio cigarrillo mientras miro el cielo. El clima es bril