“Gordon Santino, electricista de veintisiete años, su madre es humana, su padre era un hombre lobo. Nunca formó parte de una manada, pero su ADN en una cita en el hospital delató quién era. Cuatro semanas después de que le implantaran el chip, él desapareció. El cuerpo fue encontrado unas semanas después y la policía sospechó que no había sido un crimen. Aunque se lo devolvieron a su madre, me las arreglé para preguntarle si podíamos realizar nuestra propia autopsia”.
Miro la pantalla del hombr