Odio admitirlo, pero apenas confío en alguien.
“Deberías descansar y dirigirte a la casa segura. Valerie ha preparado un delicioso caldo. Tengo algo de trabajo que hacer”, le digo, besando su mejilla.
“Me estás tratando como si fuera viejo”, dice él.
Sonrío y sacudo la cabeza.
“No, es solo que necesitas cuidar tu salud mental y física”, le recuerdo.
“¿Y tú estás haciendo eso?”, me pregunta papá.
No tengo respuesta para eso y les hago un gesto a mis guardias para que lo lleven a casa.
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