Una semana después, Leonardo y Catalina se encontraban frente al pequeño apartamento que sería su hogar durante el próximo año. El lugar era modesto, con una sala de estar pequeña, una cocina funcional pero anticuada, un baño y dos habitaciones diminutas. Nada que ver con la opulencia a la que ambos estaban acostumbrados.
Leonardo, con el ceño fruncido, inspeccionó el lugar con desdén. —¿Esto es en serio? ¿Tenemos que vivir aquí? ¡Parece una pocilga!
Catalina, que había llegado antes con alguna