Mi mente seguía un torbellino de la revelación de Inés sobre el club de "machos alfa" de Leonardo, y la confirmación de que su amabilidad era una manipulación cruel para asegurar su fortuna. La rabia aún me quemaba, pero ahora, fría y calculadora, se transformaba en una estrategia. El juego había comenzado, y yo estaba dispuesta a jugarlo a mi manera.
Me había sumergido en los informes, pero mi concentración era superficial. Cada tanto, mi mirada se desviaba hacia la puerta, esperando el regres