El amanecer se coló por mi ventana, pero esta vez no había un rastro de las dudas de la madrugada anterior. La rabia y la determinación se habían asentado en mi interior como una roca sólida. Hoy era el día. Hoy comenzaría mi venganza, y Leonardo Santini iba a aprender una lección que jamás olvidaría.
Me levanté antes de que el sol asomara por el horizonte, con una energía que no había sentido en mucho tiempo. Me puse mi mejor traje de trabajo, un conjunto sobrio, pero elegante que me hacía sen