“¡¿Por qué me hiciste esto Enzo?! ¡Me dijiste que me amabas! ¡Si iba a terminar así por qué me hiciste amarte!”, el gritó interno de Diana, reflejaba la frustración que sentía.
Una sensación de tristeza y decepción inundó su pecho y Diana tuvo que taparse la boca con fuerza para contenerse de gritar a todo pulmón. Sin embargo, no pudo evitar que las lágrimas brotaran de sus ojos como un rio desbordante.
Cada palabra que Enzo dijo eran como dagas afiladas que se clavaban lentamente en su corazón.