Era indescriptible lo que Carl sentía en esos momentos, todo lo que le había hecho a Anastasia era imperdonable y dudaba mucho que ella lo llegase a perdonar. Prácticamente lo había echado y no deseaba hablar con él.
Sentía deseos de matarlo con sus propias manos, su estúpida e hipócrita sonrisa no hacían sino aumentar más la rabia que iba creciendo en su interior.
—Eres un maldito.
Él se iba abalanzar en contra de Anastasio pero Máximo fue más rápido y lo retuvo.
—¡Suéltame Máximo¡ — exclamó e