Aura movía su pie con impaciencia, mientras esperaba en aquella sala, cuya luz moribunda, daba un aspecto fantasmal a todo lo que alcanzaba a tocar y cuyo silencio ensordecedor, hacía eco de sus acelerados latidos y descompasada respiración.
Los nervios y la incertidumbre hacían un nudo en su estómago que se tensaba al ritmo de los minutos, mientras miraba intranquila hacia la portezuela que se encontraba a escasos pasos de su ubicación, preguntándose una y otra vez, por qué Caliope había pedid