> Cuando el médico terminó la evaluación y confirmó que Adelaide estaba fuera de peligro, Marco sintió que una pequeña esperanza nacía entre toda la culpa que cargaba. Dio un paso hacia la cama con el corazón desbocado. Había pasado la noche entera rogando por su vida y solo necesitaba una oportunidad para hablar.
—Adelaide... solo quiero escucharte. Solo dame un minuto.
La respuesta llegó antes de que pudiera acercarse.
—Doctor, ¿podría pedirle que salga de la habitación? No quiero verlo. —