Los días posteriores al desalojo transcurrieron con una calma extraña en la cabaña. Para Adelaide, aquel lugar se convirtió en algo más que un techo provisional; poco a poco sentía que podía volver a respirar con tranquilidad. La editorial comenzó a enviarle documentos y propuestas mientras preparaban el contrato definitivo de su libro, y aunque todavía le costaba asimilar que aquellas páginas nacidas durante sus noches de dolor hubieran llamado la atención de tantas personas, cada nuevo corre