La noche llegó lentamente a la finca Prieto, envolviendo los jardines con una calma engañosa que contrastaba con la tormenta que Adelaide llevaba dentro. El comedor estaba iluminado por la cálida luz de las lámparas y las velas que decoraban la larga mesa familiar. Era la última cena antes de regresar a Florencia el lunes por la mañana, y todos parecían dispuestos a disfrutar de esas últimas horas en la finca.
A simple vista, todo era perfecto. Renato hablaba animadamente, Antonia mantenía su h