Siguiendo al pie de la letra las indicaciones de Antonia, Natalie condujo el vehículo hasta la residencia Prieto. Marco apenas podía mantenerse consciente. Murmuraba frases inconexas y caminaba con dificultad, completamente vencido por el alcohol y el dolor. Cuando llegaron, varios empleados intentaron acercarse, pero Natalie les aseguró que ella podía encargarse. Sujetándolo por la cintura y apoyándose en uno de sus hombros, lo ayudó a subir lentamente cada escalón de la gran escalera de márm