Al caer la tarde, los médicos confirmaron que Adelaide podía abandonar el hospital y continuar su recuperación en casa, aunque debía guardar reposo y permanecer bajo vigilancia durante los siguientes días. Sofía recibió las indicaciones mientras Adelaide seguía sentada en la cama, mirando sus manos sobre la sábana. La noticia de que podía marcharse no le produjo alivio; solo significaba que tendría que salir de aquel lugar con el vientre vacío. Sofía se acercó con la ropa que había llevado para