El comedor del desayuno zumbaba con conversaciones suaves, cucharas chocando contra tazones de cerámica y algún bostezo escapándose entre las charlas. La luz de la mañana entraba por las ventanas abiertas, dorada y delicada, cruzando las largas mesas de madera donde los campistas se reunían con sudaderas y calcetines desparejados.
Katherine estaba sentada junto a Carolina, sosteniendo una taza de té verde que todavía no decidía si beber. Al otro lado del salón, Kingsley estaba sentado dos mesas