Pero de la misma manera que él había hecho, alguien llegaba para interrumpir aquel momento donde se daba cuenta que en la vida, jamás se había sentido de esa manera.
—Teresa—, nombró acercándose a ella despacio.
— ¿Señor Rocha? —Una tercer voz lo llamó.
Solo eso le faltaba. Todo parecía ser parte del karma de no haber dejado que el otro hombre le dijera a Teresa lo que sentía.
— ¿Qué? —Preguntó molesto.
—Señor Rocha, en la entrada está su madre, la señora Emilia está afuera. Está esperando por