Apenas Anna ocupó su lugar, Gael la ayudó a acomodar sus flores en la mesa y, rápidamente, se inclinó sobre ella, provocando que la joven retrocediera tras dar un respingo.
–¿Qué? –preguntó confundida
–¿Qué dices? –
–¿Qué digo de qué? –preguntó Anna aceptando el plato de lasaña que Emmet le ofrecía, pues todos habían comenzado a cenar en su ausencia
–Oh venga, no te hagas, ¿qué dices acerca de nuestros secretos? –le preguntó el hechicero en voz baja
–Lo siento Gael, pero tienes que ser mucho má