Eran las nueve de la mañana de una calurosa y soleada mañana en la pequeña ciudad de Aretha, la hermosa y colorida capital del país de Gretza.
La gente iba y venía a toda prisa por las calles del centro absorta en sus propios asuntos, pues, al ser inicio de semana, todos parecían muy ocupados.
El lugar más concurrido, era el hospital central, cuya sala de espera, estaba prácticamente abarrotada.
Entre la gente que esperaba a ser atendida, los que esperaban sus resultados y aquellos que acompa