Sin decir nada, Alastor cerró los ojos y continuó girando su silla.
Lo que estaba planeando era una locura, sin embargo, ya no podía seguir así, su pasado había comenzado a alcanzar a gente de otras manadas y ahora, también a los humanos que vivían en la ciudad que tanto amaba, si quería protegerlos, tenía que hacer las paces con su pasado, o mejor aún, tenía que enterrarlo definitivamente.
–Basil –dijo Alastor finalmente –Tú conoces mi historia mejor que nadie, sabes lo que he vivido y conoce