Capítulo 49: La huida de Tabatha.
Ante el alarido del joven, Paolo clavó sus ojos en Tabatha, quien dirigió su mirada hacia la ventana.
A unos cuantos pasos de la entrada de la caseta, estaba el joven alfa de esa manada, Félix Amato, cuyos ojos, desprendían un peligroso brillo carmesí.
―Una bestia… ―murmuró Tabatha ― ¿Lo sabías Mendel?
― “No, retírate, no vayas a hacer nada estúpido, tenemos todo en contra” ―le ordenó Mendel con irritación ― “La princesita y su compañero han conseguido un poco más de tiempo” ―
― ¿Qué hay de, ya