Capítulo 4: No es para tanto.
Ante las palabras de su amiga, Anna soltó una risita, una que le costó un fuerte dolor.
―No seas así Gaby, siento que me estoy muriendo ―dijo Anna con dificultad
― ¿Gabrielle? Tengo el hielo ―dijo Tea tras llamar a la puerta
―Gracias Tea, déjalo afuera, yo me encargo de vaciarlo, puedes volver a tu puesto ―
―Vale, pero, Gaby, ¿la señorita Anna está bien? ―preguntó Tea con evidente preocupación
―Claro, ya está despierta, por lo que los balbuceos sucios hacia su compañero se han detenido ―dijo Gab