Gracias a que rompió el cristal del ventanal que daba a su dormitorio, no le fue difícil adentrarse al ático por el gran balcón.
Suerte que ya no había ni un alma por la calle y pudo desplazarse con libertad por ella.
Aún en su estado de bestia, con gran cuidado depositó el cuerpo del joven en la cama.
Todavía olía la sangre por lo que con delicadeza tomó la mitad del cuerpo del chico y lo enderezó cuidadosamente.
Haciendo que la cabeza cayera hacia abajo, rebuscó con sus afiladas garras por e